España acaba de sacar su peor nota en lectura y matemáticas desde que empezó a medirse, hace ya veinticinco años. Lo dice un examen internacional que se hace cada tres o cuatro años a adolescentes de 90 países, y que sirve como el termómetro más fiable que existe para comparar cómo va la educación de un país frente al resto del mundo. España, en esta última edición, se ha quedado por debajo de la media de la Unión Europea y de la OCDE en las tres materias evaluadas: lectura, matemáticas y ciencias.
La caída no es de un año para otro. En la última década, España ha perdido 45 puntos en lectura y 29 en matemáticas, algo que los propios técnicos del informe equiparan a más de dos cursos escolares completos de aprendizaje perdido. Y aunque otros países europeos también retroceden, España lo hace con una intensidad que la sitúa entre los casos más preocupantes de todo el continente.
Lo llamativo no es solo la cifra. Es que, cuando los analistas buscan una explicación, el mismo factor aparece una y otra vez en el caso español: el uso del móvil intensivo entre los adolescentes.
Lo que revela el caso español en concreto
Los adolescentes españoles dedican una media de 3,4 horas diarias al móvil fuera del horario escolar, según los propios datos recogidos en el estudio. Y España destaca precisamente por eso: entre los países analizados, es de los que combina más horas de pantalla recreativa con caídas más pronunciadas en comprensión lectora. No es una casualidad aislada de nuestro país, pero España la sufre con especial intensidad.
El punto crítico aparece a partir de las 400 palabras: es ahí donde los estudiantes españoles empiezan a mostrar dificultades reales para mantener la atención y procesar la información de un texto extenso. La proporción de «lectores precipitados» en España, aquellos que responden rápido pero de forma incorrecta, ha crecido en línea con la tendencia internacional, mientras que la de lectores fluidos y precisos ha caído de forma notable.
Hay un detalle que retrata bien la situación española: el 86% de los centros educativos del país ya prohíbe el uso del móvil dentro del aula. El problema, según señalan los propios analistas, ya no está en la escuela, sino en las horas de ocio digital fuera de ella, donde en España, a diferencia de dentro del aula, no existe ningún tipo de límite generalizado ni supervisión real.
Esto cambia la pregunta que muchas familias españolas se hacen sobre las pantallas. Ya no es solo si el contenido que ven es apropiado, sino cuánto tiempo pasan frente a ellas y en qué momentos del día.
Por qué el móvil entrena una atención distinta
Jorge Álvarez, experto en seguridad digital familiar consultado por varios medios españoles tras la publicación del estudio, apunta a un matiz importante: el problema no es únicamente el número de horas, sino cómo están diseñadas las propias aplicaciones para retener la atención. Sistemas pensados para el uso continuado, con notificaciones constantes y contenido diseñado para no soltar al usuario, dificultan la desconexión incluso cuando el adolescente quiere concentrarse en otra cosa.
El propio estudio lo describe con precisión: los adolescentes se manejan con soltura en aplicaciones, pero se impacientan ante textos largos o explicaciones que requieren mantener el hilo durante varios minutos. Han entrenado, literalmente, un tipo de atención distinto al que exige leer un capítulo completo o resolver un problema matemático de varios pasos. Y en España, el rendimiento cae de forma más pronunciada precisamente en los tramos finales del examen, cuando se necesita persistencia y concentración sostenida.
El control parental de Nawiki no solo filtra contenido inapropiado: permite establecer límites reales de tiempo de pantalla, programar franjas horarias sin acceso a redes sociales o juegos, y ver de forma clara en qué está invirtiendo tu hijo su tiempo cada día.
La única pista real que da España sobre qué funciona
Hay un dato dentro del propio estudio que ofrece una pista muy concreta sobre qué funciona en España. El porcentaje de estudiantes que reconoce distraerse con el dispositivo durante las clases bajó del 32,8% en 2022 al 29,2% en 2025 en el conjunto del país. Esta mejora coincide con la aplicación de normativas autonómicas que regulan o directamente prohíben el uso del móvil dentro de los centros educativos españoles.
Es una prueba, a pequeña escala, de que poner límites claros reduce la distracción de forma medible, también en España. El reto es que ese mismo criterio apenas existe fuera del horario escolar, donde las 3,4 horas diarias de ocio digital quedan casi por completo en manos de cada familia española, sin ningún tipo de estructura ni acompañamiento.
Lo que este dato cambia para las familias españolas
El estudio no dice que el móvil sea la única causa, y también apunta a la pandemia, la escasez de profesorado o las desigualdades socioeconómicas como factores que afectan a España y a otros países por igual. Pero al mismo tiempo, es el factor sobre el que más insiste el análisis del caso español, el que aparece explicado con más detalle, y el único sobre el que cualquier familia en este país tiene un control directo e inmediato, sin depender de una reforma educativa ni de una política pública que tarde años en llegar.
Gestionar el tiempo de pantalla deja de ser, con estos datos encima de la mesa, una cuestión de disciplina doméstica. Es, para las familias españolas de hoy, una de las palancas más directas que existen para proteger la capacidad de sus hijos de leer un texto largo sin perder la concentración a mitad de camino.
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